El cine de terror comienza con la literatura , las supersticiones y leyendas tradicionales, así como de temores nacidos de contextos socioculturales mucho más actuales y precisos. Por una parte , de la novela de terror, nacida en la segunda mitad del siglo XVIII por otra, de la tradición oral del cuento de miedo, ampliamente desarrollada en las sociedades rurales de todas las culturas. De aquí, en último término, surgirán los elementos y personajes básicos utilizados en las películas de este género: los vampiros, el hombre lobo, los monstruos, fantasmas, brujas, zombis, así como las desdichadas réplicas humanas, al estilo de Frankenstein.
El público se siente atraído hacia este tipo de películas novedosas e intensas que recibe, es decir, lo insólito inscrito momentáneamente en la rutina diaria. Los efectos fisiológicos que experimenta el espectador horrorizado en su butaca incluyen fuertes subidas de adrenalina, con dilatación de pupilas, aceleramiento cardíaco y respiratorio, y sudor frío, todo lo cual por lo común se cierra con un desahogo final, en el cual, de acuerdo con el remate que haya tenido la historia, reinará el consuelo o el desconsuelo.
Terror clásico
Nació junto con el mismo cine; los Hermanos Lumière grabaron en 1896 la cinta "L'arrivée d'un train à La Ciotat" (La llegada del tren). En esta película, como su nombre indica, únicamente se mostraba la llegada de un tren; sólo que, dado que el cine era un invento desconocido para la mayoría de los espectadores, éstos creían que el tren se iba a salir literalmente de la pantalla para arrollarlos; los primeros espectadores de la cinta gritaban y escapaban de la sala aterrorizados.
El siglo XX conoció, pues, desde muy pronto excelentes cultivadores del miedo. Quizá el director más importante de esta primera época sea el alemán F. W. Murnau (1889-1931), responsable de Nosferatu, el vampiro (1922), película basada en el Drácula de Bram Stoker. (Dentro del cine expresionista, véase también Fritz Lang
El testamento del doctor Mabuse, M, el vampiro de Düsseldorf— y El gabinete del doctor Caligari.) El famoso vampiro transilvano ha conocido decenas de versiones a lo largo del siglo XX. Son destacables la neogótica (basada en Murnau: como en la película de éste, los dientes largos del vampiro no son los colmillos, sino los incisivos) Nosferatu, vampiro de la noche, a cargo del alemán Werner Herzog (1979), y la espectacular puesta en escena de la película Drácula de Bram Stoker (1992) del norteamericano Francis Ford Coppola.
Si se habla de cine de terror, no se puede pasar por alto a la productora británica Hammer , que a lo largo de los años 50, 60 y 70 desencadenó una avalancha de películas del género, algunas de gran calidad, como La maldición de Frankenstein (1957), Drácula (1958) y La Momia (1959). Su director estrella fue el inglés Terence Fisher
A principios de los años setenta encontramos dos ejemplos muy notables: El exorcista (William Friedkin, 1973), considerada por muchos críticos la película más terrorífica de la historia del cine, y la técnicamente magistral Tiburón (1975), de Steven Spielberg. Una nueva veta explotada por el terror en esta década fue la de los poderes paranormales. El gran precedente en dicho terreno fue Carrie (1976), basado en la novela del mismo título de Stephen King; la cinta fue dirigida por Brian De Palma, quien posteriormente incursionó en el terror psicológico con Vestida para matar (1980). Suspiria (1977), de Dario Argento, es considerada una obra maestra del cine italiano de terror, muy activo en esta década.
Los años 80 estuvieron acaparados por seriales de "terror adolescente", cintas sin grandes pretensiones artísticas aunque síeconómicas , dirigidas a un público muy determinado. Esta modalidad sigue abarrotando salas en nuestros días. En 1980, se estrenaría Friday the 13th (en España y países hispanohablantes traducido como Viernes 13), de Sean S. Cunningham, arranque de una saga de películas en las que el gestor terrorífico es un salvaje asesino que actúa en la oscuridad. De 1984 es la primera entrega de Pesadilla en Elm Street, firmada por otro especialista, Wes Craven. Aunque la precursora de la modalidad había sido Halloween (1978), de John Carpenter, director igualmente muy proclive al género. La serie Creepshow, de Stephen King y George A. Romero, pertenece también a esta época.
Los años 80 estuvieron acaparados por seriales de "terror adolescente", cintas sin grandes pretensiones artísticas aunque sí
En Hispanoamérica y España la filmografía de terror ha experimentado igualmente un auge inusitado en tiempos recientes. Autores ya consolidados de este movimiento como
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